Si es Ud. inversor en renta variable estará acostumbrado a ver constantemente recomendaciones u oportunidades de inversión, carteras modelo, carteras por dividendos…un sinfín de páginas y páginas de gente muy preparara (y otros no tanto, véase una entrada que realicé al respecto) orientándole sobre dónde invertir o qué valores lo van a hacer mejor que los otros. Normalmente tienen un elemento en común: recomendación de inversión en blue chips.

A estas alturas de septiembre, si realizamos una encuesta entre los periodistas deportivos de este país, seguro que el 99% de ellos opina que la liga la ganará o el Barcelona o el Real Madrid o el Atlético de Madrid,y además que entre ellos estará las 3 primeras posiciones. Si esa encuesta la hacemos entre los aficionados el resultado será el mismo. La diferencia es que los primeros cobran por ello y los segundos pagan por ello (entradas, canales de pago o merchandising). Curioso, ¿no?.

En el mundo financiero, y sobre todo en el que afecta a la renta variable, ocurre algo parecido. Es raro no ver en las cestas de valores recomendadas las telefónicas o las santanderes. Es apuesta segura. Si la bolsa sube ellas subirán (¿o es al revés?) pero si la bolsa baja, ellas también lo harán y casi seguro lo hará en menor medida, con lo que nos quedará la oportunidad de argumentar que lo han hecho mejor que el mercado.

Los motivos de recomendar estos valores premium suele ser también recurrentes: rentabilidad por dividendo, valores relativamente estables (versus “chicharros”), creación de valor para el accionista…y aquí me paro.

Hace escasos días falleció Emilio Botín. Jacobo realizó una magnifica entrada, la cual suscribo. Por desgracia hay un ejército de ignorantes profesionales que alentados por el creciente populismo neocomunista se han dedicado a insultar al pobre difunto, al cual, ya poco le va a dañar, pero si lo hace a su entorno familiar. Les da igual, es su talante. Tendremos que compartir el espacio público con estas turbas alimentadas por los demagogos aspirantes a dirigirlas. Sino de nuestros tiempos.

Sin embargo una cosa no quita a la otra, y aunque se podía hacer en cualquier otro momento, aprovechando también las loas desmesuradas a la labor del Sr Botín, han habido buenos analistas que no se han apuntado al carro de la alabanza sin control y han realizado un análisis serio de donde estaba Banco Santander cuando él lo cogió y donde se lo entregan a su hija Ana Patricia. Resultado: igual no es oro todo lo que reluce.

Es de todos reconocidos que Banco Santander no dejaba de ser un pequeño banco a nivel nacional hace 25 años y hoy en día es el primer banco europeo y el décimo mundial por capitalización. Eso no es fácil realizarlo. Podríamos equipararlo al fenómeno Inditex. Ésta, cuando a principios de la década pasada salió a cotizar, era una compañía con fuerte presencia en el mercado español y empezaba a plantar semillas en el exterior. Sobra decir qué signifcia hoy el holding gallego.

Pero hay una sutil diferencia entre el modelo de crecimiento de una u otra compañía: Amancio Ortega lo ha hecho con caja libre, por lo tanto, todo ha sido valor para el accionista (ni una sola ampliación de capital en todos esos años). Banco Santander lo ha hecho con apalancamiento y sucesivas ampliaciones de capital. El cuadro adjunto (extraído del magnífico artículo de Guru Huky en Gurusblog) no puede ser más elocuente:

Fuente: Gurusblog

Fuente: Gurusblog

Santander ha crecido con dinero ajeno, diluyendo a los accionistas ¡hasta en un 88% su BPA!. Desde el inicio de la crisis la retribución al accionista se realiza masivamente mediante el sistema “scrip dividend” (con su consecuente ampliación de capital) lo cual, podría ser positivo, si el beneficio no distribuido fuese utilizado para aumento de negocio, pero la realidad es que solo sirve para tapar la propia ineficacia de la gestión (las famosas capitalizaciones).

Es de obligada lectura el artículo que publica Javier García en Sintetia. Hace referencia al debate abierto entre grandes y prestigiosos columnistas de la prensa económica norteamericana a raíz del libro de Steve Denning a propósito del dogma “crear valor para el accionista”. Este debate viene a desmontar el mito de que el objetivo de las empresas debe ser el valor de la acción, en contra de que ésta debe recoger la actuación de la empresa. El primero crea un sistema perverso que puede poner en riesgo a la propia compañía con la manipulación y el engaño (impagable el dato de autocartera). El segundo será el reflejo de una buena gestión de los activos, lo que consistentemente repercutirá en un crecimiento de la compañía, aumentando indudablemente su BPA y consecuentemente el Precio de la acción.

Vuelvo a hacer referencia a un artículo publicado por Guru Huky donde demuestra que la tan cacareada diversificación en los negocios no tiene por qué ser un valor para el accionista. Recurre de nuevo a un estudio sobre la diversificación geográfica del Santander versus una inversión libre en grandes compañías en las áreas donde se ha diversificado el banco. De nuevo el accionista sale perdiendo.

Lo triste es que la mayoría de las recomendaciones de los analistos se basa en acciones del primer modelo (beneficio rápido), siendo así un accionista de primera, mientras que las inversiones en valor pasan a ser accionistas de segunda, vamos, un “rara avis”.

Disfruten del día.