El hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor.” – Confucio

Normalmente el reconocimiento de un error suele llevar consigo el acto que lo enmienda. Lo que uno no espera, aunque en este mundo todo es posible, es la consciencia del error con el convencimiento de seguir actuando, pese a todo, del mismo modo.

Esto es lo que ha pasado con el Banco de Japón. Hace dos días, el gobernador del Banco, Haruhiko Kuroda hizo un discurso en la Universidad de Keio en el pronunció las siguientes palabras: “Es cierto que no lo hemos podido conseguir en dos años“. Cierto se refería a la inflación y al objetivo que se habían marcado de ponerla en el 2% en 2 años. Pero, obvia e implícitamente, el reconocimiento se hace extensible al resto de la política monetaria.

No obstante, eso no supone ningún problema. Al más puro estilo de los Hermanos Marx en su maravillosa película Go West, el gobernador también afirmó que no realizará cambios en su política monetaria actual, y que, en todo caso, no dudaría en flexibilizarla todavía más si fuese necesario. Más madera que gritaban aquéllos.

Creo que la confabulación entre los bancos centrales es total y que aquél que se atreva a virar el rumbo corre el serio de peligro de quedarse aislado. Porque de otro modo es difícil entender y más aún de explicar.

No sé que más hace falta para que se den cuenta que dando más veneno no se cura a nadie. No porque me pique otra serpiente voy a sobrevivir a la picadura de la primera. Intentar sumar rentabilidad en un entorno así es casi una alquimia. Por eso, ahora que el debate sobre la gestión activa y la pasiva vuelve a cobrar fuerza debe reforzarse el mensaje que mientras estas políticas monetarias perduren, la volatilidad será quien guíe los mercados y que los escenarios pasados pueden verse alterados por cuánto dure esta época de represión financiera.

Estamos obligados a cambiar conceptos. El principal, el del riesgo con el que debe cohabitar todo aquel que quiera sumar algo de rentabilidad. Ya ven, el gobernador Kuroda no duda en afirmar que los tipos negativos provocan un impacto positivo sobre la economía real. ¡Y que siga la fiesta! (que alguien la pagará)

Para un ahorrador, el no riesgo (llamados así los bonos gubernamentales, aunque para mí sería un bono de, por ejemplo, Inditex más que del Tesoro) le supone hoy perder dinero pues renta en negativo. Encima hay que pagar al Estado por prestarle dinero. Así que, ante tal escenario, ha de hacer lo dicho en líneas anteriores y en otros post: abrazar riesgo que no entiende y que no sabe qué implica.

Como bien señala Daniel Lacalle “Vuelve el oro: escapando de la represión financiera“: La represión financiera no ha acabado con el estancamiento, ni ha mejorado las expectativas de inflación y encima al hundir los salarios reales a niveles de hace 20 años, el consumo sigue siendo raquítico.

Agradecer a Marc Fortuño que con su artículo “El Banco de Japón lo reconoce… Su política monetaria ha fracasado” llamara mi atención al respecto. He de reconocer que cuando llegué a casa me puse a indagar la noticia en internet pues el asombro, como ya he expuesto, era mayúsculo: por el error y por su propósito de no enmendarlo.

La buena noticia para nosotros es que, una vez más, quienes nos gobiernan demuestran su enorme capacidad para sumar problemas a nuestra realidad. En nuestras manos está o continuar esperándoles o tomar las riendas.