“We Simply Don’t Know What Trump Will Do” – Lukas Daalder, CIO de Robeco

Como ya saben la reserva federal decidió subir los tipos de interés del 0,5% al 0,75% animada por la disminución de la tasa de desempleo y por el creciente, aunque moderado gasto de los hogares.  La inflación, pese a haber aumentado desde principios de año, se mantiene por debajo del objetivo fijado del 2 por ciento que permite hacer que los precios de la energía bajen así como también las importaciones por la depreciación que ello supone de la divisa.

En su comunicado afirmaron que los riesgos a corto plazo están equilibrados en cuanto a las perspectivas económicas. De entre todos los datos, el que menos preocupación parece darles siendo el que principal responsable de la creación de empleo es de la inversión empresarial que continúa siendo muy baja (bueno, el término exacto empleado es floja).

El organismo que preside Janet Yellen anunció que, si la inflación se mantiene como máximo en el 2 por ciento, el año que viene subirían hasta en tres ocasiones más los tipos lo que los situaría en una horquilla entre el 1,25% y el 1,50% que será una gran noticia para los ahorradores y acreedores futuros y mala noticia para los actuales. Recordemos que estamos en un mundo endeudado.

En el comunicado la FED no alude en ningún momento, ni tan sólo de manera directa, a la política fiscal. Campo en el que los bancos centrales pretendían también influir y que suponía un nuevo exceso en sus obligaciones. Y este punto es el crítico para que la inversión de las empresas pase de ser floja a fuerte. Y aquí es donde Donald Trump está decidido a intervenir.

Así que, contra todo pronóstico, Trump parece que va a ser, a su vez, el mejor y el peor aliado de la FED quiene podrá centrarse, de nuevo, en sus competencias pues ya hay quien está decidido a intervenir directamente en la productividad e inversión. Se prevé que la política expansiva del próximo inquilino de la Casa Blanca pueda ser muy beneficiosa para una economía que ya crece a buen ritmo – el viernes conocíamos que su PIB está al 3,5% gracias al mayor gasto de los consumidores (3,0%) y, precisamente, a una mayor inversión de las empresas (1,4%) cuyo repunte ha venido precisamente con la elección de Trump- pero también que la inflación pueda dispararse por encima del objetivo deseado por la FED.

Las políticas fiscales pueden contrarrestar el efecto negativo de la inflación en el disponible de la gente. Pues a condiciones de ingreso iguales pero con una inflación más elevada el disponible de las personas y las empresas queda claramente penalizado. Sin embargo, si la presión fiscal disminuye puede servir no sólo como atenuante sino también como catalizador para tener más dinero en el bolsillo.

En poco menos de 15 días ya comenzaremos a ver qué quiere hacer Donald Trump. De momento, a mí me mantiene desconcertado por su personalidad tan dual capaz de lo peor en algunos valores pero determinado con lo que impulsa a las empresas y a los ciudadanos como demuestra su acercamiento a los empresarios que han revolucionado el mundo con sus tecnologías y que alguno entre en sus comité asesor es un indicativo muy bueno.

Trump también peleará contra el destino. Según Nostradamus EE.UU., entraría en una etapa en la que el país entraría en una “esclerosis de superpotencia” provocada, entre otras cosas, por la corrupción política y las crecientes desigualdades de la sociedad estadounidense. China, por su parte, según médico, teúrgo y astrólogo francés, curaría los desequilibrios globales y emergería como la líder mundial.

En el 2017 no nos aburriremos. Eso está claro.