“[Internet] es mucho más que una tecnología. Es un medio de comunicación, de interacción y de organización social”. – Manuel Castells

Demoledor, certero y significativo titular para la “mutación” (no hay mejor palabra para describirlo) del sistema tradicional bancario. Dice así: “Internet puede hacer saltar la banca“. Obviamente, les recomiendo la lectura del artículo.

El artículo ahonda sobre los inmediatos planes de Facebook y Google, como gran exponentes, de dar soluciones a la intermediación financiera y al depósito y envío del dinero electrónico. Señala como el año pasado, de los 15 billones de dólares de compras minoristas, 235.000 millones de las mismas se hicieron pagando por el móvil. Y creciendo.

También hace referencia a Francisco González, el presidente del BBVA, quien tiene muy clara esa mutación inminente e inevitable del negocio tradicional bancario y sobre la que lleva hablando e investigando desde hace mucho. Así, en diciembre de 2013, leí un artículo en el que señalaba a Google, Facebook y Amazon como los grandes e inmediatos competidores para la banca.

Una de las consecuencias claras es que el número de oficinas bancarias va a disminuir en los próximos años pues no aportarán valor alguno. Estiman que sólo un 5% de la interacción de los clientes se hará por ese canal. ¿Motivos? Los costes de las transacciones por internet serán más beneficiosos y, obviamente, la comodidad que supone actuar desde un dispositivo móvil. Parecía imposible pero internet ha conseguido acabar con las dos grandes razones por las que uno suele trabajar con un banco: la comodidad de la proximidad de la oficina y la accesibilidad.

¿Qué hay más allá de la noticia? ¿Qué merece nuestra reflexión? La grave realidad es que la mutación no la hace ningún banco. La protagonizan empresas ajenas al sector. Demencial. Seremos de los pocos sectores en que deban venir a decirnos como se hacen las cosas. Y ahora todos a correr. ¿No ha tenido tiempo la gran banca para analizar el entorno y las necesidades presentes y futuras de sus clientes? Está claro que no les ha interesado. Eso sí, las oficinas ahora son más bonitas, mejor iluminadas, con dispositivos móviles para que uno pueda hacer consultas, con mesas de atención personalizada para que todo el mundo te vea y oiga cómo hablas de tu dinero y de los productos a contratar, con sofás e incluso te puedes tomar cafés de cápsula. No se apuren que la gran banca ya se ocupa de rentabilizarlas.

Francisco González, en el artículo que les he indicado más arriba, señala, y cito textualmente,  “la oportunidad para la banca estriba en que posee ahora una “vasta” información financiera y no financiera de sus clientes, con sus “hábitos, gustos, necesidades y aspiraciones”, para ofrecerles los servicios que necesitan”. Fin de la cita. Todavía no he podido cerrar la boca del asombro. Vuelvan a leerlo, por favor. Con calma. Los hábitos, gustos, necesidades y aspiraciones conforman todo lo necesario para una correcta planificación financiera. Son la salvaguarda para elaborar la mejor estrategia (una o varias) para ayudar al cliente a su consecución. Sumados al perfil de inversor del cliente son la mejor garantía de su protección. ¿Cómo que oportunidad para dar al cliente lo que necesita? Han tenido años para dar ese servicio. Tenían y tienen los medios. Los resultados son por todos conocidos. Ahora ya no toca. Ahora deben apartarse para que otros lideren el cambio. Como hemos visto, no será la banca.

La tecnología puede suplir (de hecho, ya lo hace) el 100% de las operaciones habituales que cualquiera de nosotros hacemos en una oficina. No estamos lejos del momento en el que exista una aplicación móvil que permita integrar cuantas cuentas bancarias tenga uno, que permita hacer cualquier tipo de transacción y solicitud, que permita establecer todo la información personal y financiera de uno, que permita establecer objetivos y te devuelva un plan de ahorro, que de alertas acerca de reconvertir la renta variable del plan de pensiones en renta fija pues quedan sólo 10 años para la jubilación, que… Sé que es posible pues es un proyecto que tenía en ciernes y que, algún día, intentaré retomar. La tecnología existe. El punto más importante de ese proyecto era la interacción social tanto para la recogida de datos como, sobre todo, para la relación del cliente con su asesor (sí, asesor. Banco, no). Para que tenga acceso al 100% a poder hacer una reserva, a poder llamarle, a poder chatear con él,… y que siempre tenga una respuesta.

Nuestro presente dice que queda mucho por hacer para la alfabetización financiera, para que los clientes puedan identificar por sí mismos las características y riesgos de los distintos productos financieros. Por eso, nuestra figura (asesor financiero independiente) es importante. Para poder traducir los objetivos en metas financieras y éstas en estrategias. Eso no hay tecnología que lo pueda suplir. Es más, a mayor facilidad de acceso mayor educación financiera hace falta. Dicen que temen que Google se convierta en una plataforma de distribución de fondos. Imaginen: desde su casa, el mundo. ¡Ojo!

La banca deberá encontrar otro modo de distribuir sus productos. Así, a lo mejor, podremos dejar de leer titulares como “La gran banca dispara un 20% los ingresos por comisiones de fondos y de pensiones”. Espero que los clientes que hayan contratado esos fondos y planes de pensiones estén ganando otro 20% o más. Espero que esos clientes tengan esos fondos y pensiones porque es lo mejor para sus objetivos personales y acordes a su perfil de riesgo. ¡Ah,no! ¡Que todavía no se ha transformado la información en conocimiento!. Los fondos, sin duda, merecen capítulo aparte. Eso será otro día.

Las finanzas, ¿cambian? Atrévanse. Mutemos.

Buen fin de semana y disfruten del puente (aquellos que estén).