Es una previsión muy necesaria comprender que no es posible preverlo todo. – Jean-Jacques Rousseau

Inmejorable descripción de uno de mis filósofos favoritos para definir el fondo de emergencia.

En el post dedicado a la I Etapa de la planificación financiera, les indiqué que yo les ofrecía el primero y el último de los objetivos económicos a cubrir por cada individuo. Definía como el objetivo número uno el fondo de emergencia y como el último a considerar para su planificación, desde ahora, la jubilación. Así como ésta será abordada en distintas ocasiones, dedicaré, en principio, sólo el presente artículo al primero de los objetivos.

He encontrado 21.200.000 resultados al poner estas tres palabras en Google, lo cual me ha sorprendido gratamente. Aunque no hay una definición específica, todos lo definimos más o menos igual: es un dinero que no vas a usar pero que destinas a cubrir situaciones imprevistas.

¿Por qué apartar una cantidad de dinero mensual a algo que no sabemos con certeza que va a pasar? La respuesta está en los mismos principios que acompañan a la planificación: estar cubiertos ante cualquier etapa vital. Desde el 2008 estamos asistiendo a escenarios dramáticos en cuanto a empleo y situaciones familiares se refiere. Este fondo no los evita pero sí los hace más llevaderos.

Ahora bien, ¿qué son los imprevistos? ¿Qué podemos catalogar como tales? ¿Cuánto dinero hemos de destinar?

De las 2 acepciones que proporciona la R.A.E., detallaré la segunda por la amplitud de la explicación y por la actualidad de la misma: en la Administración, gastos con los que no se contaba y para los cuales no hay crédito habilitado (las analogías con nuestras administraciones públicas son más que evidentes).

El objetivo aquí es evitar no disponer de dinero para afrontarlos. Existen múltiples ejemplos a enumerar a la hora de calificar los imprevistos: reparaciones de urgencia en casa, cambio de batería en el coche o del propio coche,…

Cuánto destinar a éste fondo depende de las circunstancias de cada individuo o familia. En la página de la CNMV, Finanzas para todos, aconsejan poner el equivalente  a entre tres y seis  meses de gastos corrientes. Es una buena cifra orientativa. Dicha cuantía debe ser “invertida” en un producto en el que no asuman riesgo alguno y, además, debe ser líquido. ¿Rentabilidad? Yo no le pediría más allá de los tipos actuales de los depósitos bancarios o cuentas remuneradas. No es la parte de nuestro patrimonio a la que debamos exigirle un retorno. Ni mucho menos.

Para concluir, les dejo un video (en inglés) que resume todos los conceptos aquí hablados.


Provisionen hoy y evitarán esfuerzos/tensiones mañana.