Solo hay una manera de matar al capitalismo: con impuestos, impuestos y más impuestos“. Karl Marx

El escenario podría ser hasta de palomitas si no fuera por lo preocupante del mismo. Mientras Montoro continúa con su expolio fiscal tenemos al ministro Luis de Guindos, con buen tino, ofreciendo España a la banca privada ubicada en la City de Londres y preocupada por el Brexit para que se instalen en nuestro territorio.

¿Qué les ofrece? Pues además de sol, pocos toros y la mejor comida posible, unas medidas fiscales atractivas que, por supuesto, no serán las que tienen nuestras empresas. Puede que mantengan el 25 % como tasa impositiva pero podrá ser rebajada por múltiples deducciones que tengan que ver con inversiones y empleo.

Mantener la tasa permitirá contener a los demagogos.

Exactamente como debe ser: el crecimiento sólo es posible si dotas a las empresas de mecanismos para que generen más producción y sólo tengan que ocuparse de ello.

La mayor negociación de Guindos no será en Inglaterra por eso sino que será en España y con su homólogo de Hacienda, Cristobal Montoro, para hacerle ver que una política fiscal más laxa para los particulares favorecerá que los directivos de dichas bancas (cuyos sueldos y bonus tienen más de seis ceros) se decidan por nuestro país en caso que deban salir de Inglaterra.

Porque, mal que nos pese, la política fiscal es clave para el desarrollo de un país. Que los ciudadanos tengan más dinero en sus bolsillos a final de mes puede contribuir a mejorar las tasas de desigualdad, el consumo y generar nuevas oportunidades en educación. Y no, no está reñido con las coberturas mínimas en seguridad y sanidad.

Este tipo de privilegios se les conoce como “acuerdos de amor” y el llamado escándalo de los LuxLeaks afloró las relaciones fiscales de empresas como Google y Facebook en Europa.

Según un estudio publicado por la organización sin ánimo de lucro Red Europea de Deuda y Desarrollo (Eurodad), los tratos fiscales de favor de los estados de la Unión Europea con las multinacionales han aumentado tras la publicación de los LuxLeaks en lugar de disminuir.

Así, según dicho estudio, el número de los llamados acuerdos de amor en la UE ha aumentado de 547 en 2013 a 972 en 2014 y finalmente llegó a 1.444 a finales de 2015, lo que representa un aumento de más del 160 por ciento entre 2013 y 2015. Y de casi el 50% de 2014 a 2015. Los aumentos más dramáticos se han producido en Bélgica y Luxemburgo. La media de puntos de tributación que recortan gracias a estos acuerdos se sitúa en  el 3,8 por ciento. Irlanda es el que más incentivos fiscales ofrece rebajando su tipo en 5,2 puntos porcentuales. Italia, el Reino Unido y Alemania son los países con más acuerdos de este tipo.

No digo que debamos permitir tributaciones irrisorias pero sí establecer tipos competitivos que permitan tener a todos las mismas reglas del juego y con un escalado de deducciones que permitan su reducción porque más allá de los titulares y de la demagogia, las preguntas a plantearnos son: ¿qué consiguen los territorios que firman estos acuerdos? Y, ¿qué pasaría si se aplicara a todas las empresas que actúan en el territorio independientemente de su tamaño y condicionándolas al cumplimiento de unos mínimos de empleabilidad e inversión?