El hombre es el único ser sensible que se destruye a sí mismo en estado de libertad.” – Jacques H. Bernardin de Saint Pierre

La solidaridad por real decreto es el nuevo truco de márketing de los partidos en estas nuevas elecciones. ¿Qué se esconde detrás? Un país que se dirige a la erradicación de las clases medias, a la penalización de la riqueza, del empresario, del esfuerzo y a conseguir que el grueso de la población sea 100% dependiente del Estado.

Esperar otra cosa de nuestros dirigentes es un completo absurdo, en especial cuando más de un 70% de sus ingresos provienen de subvenciones. Claro, para vivir mejor hemos de recaudar más. Lo malo es que en una sociedad tan dividida hay quienes observan con gratitud estas soflamas y están dispuestos a confiar más votos a cambio de alcanzar la tierra prometida del bienestar. ¿No nos damos cuenta de que nunca acaba de llegar? Y eso que llevamos más de 35 años de viaje hacia ese destino.

Y no, ahora resulta que no hemos llegado pues nos falta un impuesto más que será la clave para poder pagar las pensiones y estar todos en paz. Lo que está crisis sí nos ha enseñado es la gran capacidad que tienen todos los partidos por inventar nueva tasas y nuevos impuestos con los que sangrar al ciudadano. Y si no lo aceptas es que no eres solidario.

Como demuestran los presupuestos estatales ni con subidas de impuestos (como ya hemos visto en este blog, hablar de rebaja fiscal a raíz de la última reforma es poco más que mentir) se arregla el desaguisado político. Sólo en el Estado arrastramos un déficit de –26.851.550.250€ (que es la diferencia exacta entre los ingresos y los gastos del Estado. Pueden consultar dónde va el dinero que pagan con sus impuestos en la web www.dondevanmisimpuestos.com). Mismo ejercicio pueden hacer para su Comunidad Autónoma y para el Ayuntamiento.

Para no llevarnos a engaño, España a entró con déficit en la crisis (por encima del 10% cuando hoy está en el 5%). Y no, no lo hemos corregido gracias a eliminar gasto político superfluo si no gracias a la enorme presión fiscal que sufrimos en nuestro territorio y que ya reflejé en “Panamá y Competencia Fiscal” y a la inestimable ayuda de las políticas de tipo cero del Banco Central Europeo y a la relajación del precio del petróleo. Todo demasiado coyuntural como para estar tranquilos acerca de su duración.

El fin de los impuestos y de la deuda es el de mantener los servicios públicos y la estructura del Estado. Dicho esfuerzo tiene ser en términos de equidad y proporcionalidad.¿Por qué no cogen los partidos parte de sus subvenciones y la destinan a causas sociales? ¡Ah! Lo necesitan para pagar todos los puestos de trabajo y todas sus propiedades (que hemos pagado entre todos) y como no paran de perder votos han de continuar sangrando al ciudadano.

Pues nada, sigamos votando. Sigamos hiperhormonando al sistema. Si nunca llega nuestro bienestar sigamos culpando al prójimo, al capitalismo o a Amancio Ortega.

Huyamos de la sudoración que provoca el esfuerzo, del sacrificio, del generar nuevos Inditex que contribuyan a combatir el paro y a generar nuevos contribuyentes. Vivamos todos del Estado. Como en Venezuela por ejemplo. Salgamos todos a la calle a ocupar pisos (estén o no vacíos, empezando por supuesto por los de nuestros políticos: ¿para qué quieren propiedades ellos?), defenestremos la propiedad privada y culpémosla de la falta de solidaridad y no paguemos las deudas que contraemos.

Por cierto, ¿hace falta ir a Venezuela para constatar la crisis humanitaria? En nuestro país y en nuestro continente tenemos claras muestras de ello y, sin embargo, no observo la misma intensidad para concienciar y revertir la situación.

Nos hace falta una reflexión profunda como sociedad. Hemos superado los límites del absurdo y encima los aplaudimos en las campañas electorales cuya fiesta también pagamos.

Este post nada tiene que ver con ayudar a los más desfavorecidos ni con la llamada pobreza energética. Prefiero que mis impuestos vayan a cubrir estas partidas, a garantizar las becas comedor y a proteger a los niños que no a las arcas de los partidos que, además, están también en déficit.

La revolución, si llega, vendrá del individuo y jamás por procurar que el Estado sea el gran totem que todo lo pueda. El bienestar, como la solidaridad, no se delegan.

Imagen de la entrada cortesía de Sira Anamwong