¿Cómo se crea la percepción de que la deuda ni importa?” || “La pregunta es siempre cuánto podemos perder, no sólo cuanto podemos ganar” – Daniel Lacalle en “Nosotros los mercados

Menudo agosto: a Grecia se ha sumado el despertar de los temores sobre lo que se venía anunciando desde hace mucho de China y las carteras y el mundo de la inversión se han colapsado de nuevo.Términos como corrección han vuelto a la palestra y la pregunta es hasta dónde, hasta cuándo y qué será lo próximo.

El mundo de las inversiones siempre tendrá como compañero  la expectativa y, por lo tanto, la incertidumbre. Por ejemplo, en nuestro país nos enfrentaremos ahora a dos elecciones muy importantes que pueden suponer cambios importantes y que, por lo tanto, pueden afectar también a nuestro ahorro e inversiones.

Seguimos obviando el mundo global en el que vivimos. Continuamos creyendo que nuestras vidas se circunscriben a cuanto alcanzan nuestros ojos menospreciando el impacto que pueda tener en nuestro día a día cuanto vemos en los telediarios y leemos en los periódicos que ocurre en otras partes del Mundo.

Hemos tenido numerosos ejemplos de ellos como puedan ser Argentina o las subprime. Y continuamos hacia adelante. Ignorando las causas y poniendo parches a los efectos. Y es de las causas, de los orígenes, de donde debemos aprender y extraer conclusiones. habida cuenta de las políticas de endeudamiento llevadas a cabo para lograr la “recuperación” y la hipertrofia de precios en las bolsas. Porque al final quienes nos gestionan (Gobiernos y Bancos Centrales) cumplen sus mandatos, llevan a cabo sus decisiones y luego se van dejándonos a nosotros a cargo de lo que hayan hecho y eximiéndose de responsabilidades mientras se exhiben en Consejos y/o como conferenciantes.

Me explicaré a través de Ben Bernanke, expresidente de la FED, y aludiendo al discurso que hizo en enero de 2012 (ver nota): las LSAP también parecen haber aumentado los precios de las acciones, presuntamente tanto por la reducción de las tasas de descuento como por la mejora de las perspectivas económicas; probablemente no es una coincidencia que la recuperación sostenida de los precios de Estados Unidos se iniciara en 2009, poco después de la decisión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC en la nota) para ampliar en gran medida las compras de valores. Este efecto es potencialmente importante porque el valor de las acciones afecta tanto a las decisiones de consumo como a las de inversión.

Y esas valoraciones son puro humo pues los fundamentales de las compañías, en la mayoría de los casos, no los soportan. El problema, como siempre, está en el conocimiento: si el inversor sabía que invertía en humo pues no hay problema. El problema está en aquellos que entraron en el mercado empujados por los cantos de sirena y buscando al unicornio de riquezas inmediatas.

Y eso sí lo han conseguido: han creado el efecto riqueza. Si Usted es inversor (salvo el pasado mes de agosto) habrá ido acumulando dígitos de rentabilidad en sus inversiones, viendo crecer su dinero y su satisfacción le habrá impulsado a nuevo consumo o a nuevas inversiones. A nivel macro, la salvedad está en que, a lo mejor, los responsables de los bancos centrales confiaban que ese dinero de más se reinvertiría en nuevo empleo para que más personas, ahora sí con ingresos, hicieran lo propio y entraran en la rueda.

Los inversores más conservadores se han encontrado con tipos casi cero y con el impuesto silencioso (la inflación, menos mal que hoy es poca) penalizando sus ahorros en algunos casos (compra de deuda pública con tipos de interés negativos) siendo empujados a asumir riesgos, en la mayoría contrarios a su perfil inversor, para lograr que sus ahorros les generen rentas.

Desafortunadamente, y merced a las políticas monetarias actuales, el escenario en las inversiones para el futuro próximo se prevé semejante al actual. A este respecto, permitan que les comparta un extracto del libro  Código Rojo escrito por Jonathan Tepper y John Mauldin y que nos recuerdan una situación similar a la actual ocurrida en los años setenta:

Cuando Nixon sacó al dólar del patrón oro en 1971, las acciones se dispararon. Sin embargo, los inversores deben recordar que la alegría duró poco. Al final resultó que la década de los setenta fue una de las peores para la inversión en acciones o bonos. Las materias primas crecieron durante un tiempo y luego se estrellaron. Las inversiones eran traicioneras. El futuro próximo probablemente será igual de turbulento, marcado por burbujas, auges y caídas, y los inversores deberán estar preparados“. Leído en el libro

No me negarán que hay muchas similitudes.

Así que el tema raíz, de nuevo, es la gestión del riesgo. Pues, a pesar de los avisos, las emociones son contagiosas y tanto cuando es euforia como cuando es miedo circulan a gran velocidad en los mercados financieros empañando riesgos y anulando planificaciones.

¿Qué hacer? En primer lugar, hay que ser fiel a nuestro perfil inversor y no pretender ser alguien diferente: somos grandes inversores en mercados que suben y los aciertos son nuestros y somos víctimas de los especuladores y del mercado cuando éste baja convirtiéndonos en víctimas. Seriedad y coherencia, por favor. El mercado no es el culpable. Hay que huir de la masa pues cuando nos sumamos la masa ya no está.

Hay que hacer deberes, saber dónde invertir: conocer involucración equipo directivo (cuantas acciones tienen y cuánto tiempo llevan en la empresa), leer balances, saber situación financiera empresa,… Pues es lo que sostiene y da validez a su inversión. Diversifiquen, busquen valores poco correlacionados e incluso introduzcan en sus carteras valores más pequeños que coticen en índices no correlacionados con la bolsa… Y no se apeguen al valor. Recuerden que desde el momento en que compran una acción se convierten en propietarios y desde el momento en que compran deuda en acreedores. Exijan desde esa posición.

En suma, inviertan en base a fundamentales pues lo demás es humo.


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