Las palabras del año pasado pertenecen al lenguaje del año pasado. Las palabras del próximo año esperan otra voz.”  – T.S. Eliot

Supongo que habrán tenido conocimiento de la exitosa OPA parcial (oferta pública de adquisición de acciones) que lanzó Abertis hace unos meses y que cerró con notable éxito el pasado 20 de octubre. La oferta fue suscrita por el 48% del capital de la compañía, septuplicando así el número de acciones al que iba dirigida. Esto es: la OPA parcial iba dirigida a 61,30 millones de acciones y aceptaron la misma 453,66 millones. ¿Es Usted uno de los afortunados?

En caso afirmativo, enhorabuena. En caso negativo, como en cualquier ocasión, le invito a analizar los motivos. Tanto la prensa nacional como, obviamente, la especializada comunicaron en tiempo y forma la operación pues suponía para el accionista un 11% de beneficio seguro en el momento en que se aprobó la misma: que fue el pasado 1 de octubre.

¿11% en 20 días? El día en que se aprobó la OPA parcial la acción cerró a 14,13 y el precio marcado de venta de las acciones era de 15,70. Gran oportunidad. En operaciones como estas si el número total de acciones que aceptan la operación supera el límite fijado (como así fue tal y como hemos visto más arriba) la liquidación se efectúa del siguiente modo: primero, distribución lineal, es decir, se adjudica a cada aceptación un número igual de valores, que será el que resulte de dividir la oferta entre el número de aceptaciones y, el resto, se distribuye por exceso, esto es, proporcionalmente al número de acciones comprendidos en cada aceptación. La lineal equivale, más o menos, al 25% de las acciones objeto de la operación.

Los 20 días en los que se ha hecho efectiva esta rentabilidad (que puede haber sido o mayor o menor según el momento en que se compraron las acciones) son desde que la CNMV aprobó la operación. No obstante, Abertis la hizo pública el pasado 29 de julio.

En un año en el que a cierre de septiembre todo iba como muestra en el siguiente gráfico:

Returns for Asset Class YTD 2015

Fuente: Deutsche Bank

Convendrán que, junto con AENA a principios de año, esta operación de Abertis era una ocasión extraordinaria para acabar el año con un gran rendimiento y sin apenas exposición a riesgo. Hasta la fecha de aprobación de la OPA parcial por parte de la CNMV el riesgo era que no se hiciera pero habida cuenta de la cotización y su posterior evolución incluso una venta a mercado habría arrojado un muy buen beneficio.

23.226 accionistas de los 70.000 que se estima tenía la compañía la han aprovechado. ¿Y el resto? De aquellos veintitrés mil hay casi un 25% que provienen de una misma entidad y que no es ninguna de las cuatro grandes de las que, por cierto, una, a través de su holding, posee ya un 24,1% de Abertis siendo el accionista de referencia.

Como bien saben cuando hablamos de rentabilidad lo hemos de hacer después de haber descontado los costes de la operación y así sabremos exactamente lo que nos ha significado la operación. Pues bien hay algunos afortunados, aquellos que son clientes del grupo bancario del holding comentado más arriba que como su banco participaba en la operación no les cobrarán comisiones por vender en la opa, pues actúa como banco intermediario. Fantástica operación para el cliente, ¿no?

A los clientes que conozco y accionistas de Abertis y consultados de dicha entidad nadie les había dicho nada. Les recomendamos nosotros que fueran a su oficina y que dieran las instrucciones adecuadas para poder hacer efectivo su beneficio.

Prestar servicios en cualesquiera profesión exige anteponer los beneficios de los clientes por encima del propio pues son ellos los que nos dan el prestigio y nuestro modo de vida.

No podemos vivir con el orgullo de ser los que más acumulamos si el cliente no se beneficia de ese crecimiento. Tarde o temprano lo perderemos y con él se irán esas cantidades que nos hacen pregonar a los cuatro vientos que somos el fondo que más capta o el plan de pensiones con más partícipes. En el sector financiero, lógicamente, si el cliente no recibe crecimiento sostenido en el tiempo, se va. Entendiendo por este crecimiento aquel basado, entre otros, en la dedicación, el servicio y en una gestión lo suficientemente ágil como para aportarle valor. En caso contrario, insisto, se va. Más hoy en la era de la información. Donde para encontrar alternativas basta con navegar por la red y no tienes ni que dedicar una mañana a ir de entidad en entidad.

La MiFID 2, la nueva directiva europea que persigue proteger al cliente bancario y al inversor y que debiera estar en todos los libros de texto a partir de cierta edad, obligará a las entidades a cobrar directamente a los clientes. Las comisiones cero cargadas de costes diferidos quedarán prohibidas. Hace poco nos sorprendía un artículo al afirmar “Los bancos avisan: los particulares se quedarán sin asesoramiento si deben pagarlo” en el que podemos leer algunas joyas como “El cliente tendrá que asumir que paga por un servicio que hasta ahora pensaba que era gratis” pronunciada por algún alto cargo de algunas de las entidades que copan las esquinas en nuestro país.

El tiempo se les acaba ya que el Gobierno en su último día de esta legislatura aprobó el texto refundido de la Ley del Mercado de Valores para facilitar la trasposición de MiFID en 2016 (consultar artículo). Así que, si el lobby bancario no lo evita (Europa no parece que les vaya a poner las cosas tan fáciles como en 2007 con la primera directiva) estarán obligados a ser transparente en el ejercicio de los servicios que prestan a los clientes. Y ellos esgrimen que sus clientes no lo aceptarán. Pues créanme que sí lo harán y agradecerán que lo hagan. Eso sí la banca estará obligada a aportar valor y no sé si podrán acometerlo. El modelo tendrá que pasar del chantaje en la venta para buenos tipos a adecuarse a las necesidades de los clientes. Deberán pasar de presumir de volumen captado a retorno aportado. Y a lo mejor se dan cuenta que la aportación de valor les da como resultado mejor y más leales crecimientos.

En suma, veo que la banca está enormemente perdida. El futuro que les preocupa no es el de los clientes que siempre saben escoger sino el suyo propio. Está asentándose una revolución implacable como es la fintech que lejos de quedarse en los pagos tiene la enorme capacidad de adentrase en los perfiles de los clientes, en sus objetivos financieros y darles indicaciones sobre la soluciones idóneas para ellos. No sirve la información está en los medios o puede acceder por su banca online. Sirve que las aplicaciones estén constantemente dándote aquellas alertas que tengan que ver con cualesquiera objetivos definidos y con los productos contratados.

El momento es óptimo porque el competidor está absolutamente perdido.

Gracias, Maite.


Imagen del artículo: Venimo