La tragedia de la vejez no es que uno sea viejo, sino que uno es joven.” – Oscar Wilde

Pensionados. Es la nueva forma verbal para describir el lamentable estado de nuestro sistema de pensiones. Imaginen cómo estaría de no haber tenido la llamada “hucha de las pensiones” a la que nos hemos referido en diferentes artículos en este blog.

Algunos defienden los derechos adquiridos ninguneando las obligaciones que se derivan para poder mantenerlo. Es normal en nuestro país. Tenemos derecho a todo pero ningún deber. Puedo faltar al respeto pero pobre del que me lo falte a mí. Algún día ampliarán los juzgados con una nueva sección que se llamará “sentido común”. Al lío.

La llamada hucha de las pensiones fue creada en el año 2000 bajo su nombre real Fondo de Reserva de la Seguridad Social que, como puede leerse en la web del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, surge como consecuencia de la exigencia institucional para el sistema de Seguridad Social, en diferentes ámbitos y foros de diálogo entre fuerzas políticas y sociales y el Gobierno, de establecer fondos especiales de estabilización y reserva destinados a atender las necesidades futuras en materia de prestaciones contributivas originadas por desviaciones entre ingresos y gastos de la Seguridad Social.

Y esas “necesidades futuras” han llegado. ¿Qué ocurre cuando se quedan Ustedes sin dinero en cuenta corriente? Que “rompen su hucha” y utilizan ese dinero para afrontar urgencias. ¿Y si no tienen ahorro? Lo común, se endeudan. Mismo ejemplo para el Estado.

Un país deficitario (no sólo ahora sino llevamos más de 8 años así) precisa “echar” mano de la única hucha que tiene para poder afrontar el pago a sus pensionistas.

El problema no es de la hucha, insisto. Ha cumplido con el cometido por el cual se creó. El problema, una vez más, es de los distintos gobiernos que han sido incapaces de detectar el tsunami poblacional que estamos teniendo y que fueron incapaces de asimilar y, por lo tanto, de reaccionar ante una crisis financiera de escala… global.

El problema con las huchas no es que salga dinero (para eso están siempre que sean emergencias) sino que no entre más dinero. Y el fondo de reserva de la seguridad social tiene ese problema. Además, tal y como les ocurre con sus ahorros, no sólo no entra sino que, además las inversiones no producen suficientes rentas como para cubrir los reembolsos.

El fondo está invertido en deuda pública española (es uno de los grandes compradores de esta crisis) así que imaginen el rendimiento.

Para que el fondo vuelva a tener ingresos hay que variar el sistema. Debe lograse que hayan más cotizantes pues subir las cuotas a los que ya cotizamos es como pretender que Amancio Ortenga sostenga el país. Una soberana y amoral injusticia.

Para ello hace falta una ley fiscal cuyo único fin sea el de poner más dinero en manos de los ciudadanos (para destinarlo a ahorro) y de los empresarios (para destinarlo a empleo, crecimiento e innovación). Cuantos más paguemos impuestos más fácil será acometer los retos como país.

Si la pretensión es que sólo paguemos unos cuantos y cada vez más impuestos, la sumergida será la única economía que haya en nuestro país.

Todo lo demás son cantos de sirena que nos empobrecen. Si nada revierte el asunto, la hucha tiene los días casi contados. A los últimos 8.700 millones de euros que ha dispuesto el Gobierno le seguirán muchos más.

Quizás una buena solución sería no hacer depender nuestro bienestar futuro de la jubilación. Para eso hay que sacrificarse, ahorrar, planificar, esforzarse, prevenir caprichos presentes,…

No digan que no estamos teniendo avisos. Que el mañana no les atropelle hoy.

Ahorren. Alcancen su libertad financiera.

Fuente de la imagen: es.123ref.com