El dinero es como la gasolina durante un viaje en carretera. Nadie quiere quedarse sin gasolina durante el viaje, pero nadie disfruta haciendo un viaje que consiste en un tour de gasolineras” – Tim O´Reilly

El proyecto Phoenix (debieran pedir permiso a la mitología para utilizarla para según que fines) es un vehículo, vigilado por el Ministerio de Economía, constituido por las principales entidades españolas (Santander, BBVA, Caixabank, Bankia, Sabadell y Popular) que tiene como objetivo reestructurar financieramente a aquellas empresas que tengan un sobreendeudamiento pero viables desde el punto de vista de negocio.

Como no podía ser de otro modo, la banca no sólo hace la re-estructuración si no que también contribuye a la gestión de manera externa. El plazo que se dan para valorar la viabilidad de la nueva situación financiera es de cinco años. ¿Tendrá ese vencimiento la “nueva” deuda? Lo dudo.

Dicho proyecto arrancó hace dos años aunque quedó formalmente constituido en abril de 2015, fecha en la que las entidades financieras participantes alcanzaron el acuerdo. El fin es más que importante: contribuir a que el tejido industrial perdure. Para ello se les da músculo financiero que permita a los empresarios volver a centrar sus atenciones en el negocio.

A las empresas que acudan al proyecto Phoenix les diría que volviesen su mirada al capital privado que suele ser mejor aliado y más estratégico que el financiero.

Como iremos viendo a lo largo del artículo, la re-estructuración de las deudas corporativas es un fenómeno que se está dando en todas partes del mundo pues el entorno es propicio habida cuenta de la política de tipos cero de los distintos bancos centrales.

No obstante, no habría que olvidar ni el umbral de endeudamiento (¿40% de los recursos propios?) ni la patada hacia adelante. El “ya que estamos pedimos un poco más” sumado al llevar la deuda a largo plazo sin prever una futura subida de tipos pueden convertir una sana operación financiera en una cuenta atrás de una bomba de relojería. Aumentar el plazo también es aumentar el riesgo.

Mayor umbral de deuda es ingobernable salvo que seas un Estado cuya única cultura en la gestión es la propia patada hacia adelante y con el discurso de la “solidaridad” como justificante de las subidas de impuestos. Nos preparamos para una nueva en Catalunya (como no hay dinero para pagar sus caprichos hay que sacarlo a quienes lo ganamos trabajando en aras a su falsa solidaridad. Sí lo hay para crear nuevos organismos gran hermano y dotarlos con más de 30 millones de euros con el fin de observar a los descarriados. Esta época será conocida como la oscura de nuestra historia que culminará con la de la luz auspiciada por la rebelión del individuo. Al tiempo).

Así, el Tesoro español consiguió el pasado 11 de mayo vender 3.000 millones en bonos a 50 años a un tipo del 3,49% (imaginen el riesgo que hay que asumir para alcanzar cifras de rentabilidad razonables). Para quienes lo hayan suscrito que apaguen el monitor y lo vuelvan a encender sus hijos en el 2066 así se evitarán observar (y padecer) los efectos que tanto la inflación como las probables subidas de tipos causarán en su principal.

Cabe recordar que el bono español a tres años renta en negativo. Con esta nueva emisión la vida media de nuestra deuda se sitúa en los 6,9 años. El Tesoro, tal y como he señalado en la gestión privada, reconoce que alargar los vencimientos de la deuda ofrece mayor flexibilidad para gestionar la deuda pública.

Nuestro Tesoro no es el único en emitir a tan largo plazo. Según un artículo aparecido en Expansión el jueves 12 de mayo, Dealogic ha cifrado en 65.500 millones de euros las emisiones en euros con vencimientos superiores a los 20 años.  Francia y Bélgica emitieron a 50 años hace tan sólo un mes. Entre los corporates destacaría a EDF que hizo una emisión a 20 años, Enagás a 12 y Johnson&Johnson que lanzó una emisión multimillonaria de cuatro tramos en euros, el mayor de los cuales denominado en euros y con vencimiento en 2035.

Estados y empresas se han lanzado a sus respectivos proyectos Phoenix. Toda re-estructuración de deuda es hasta saludable siempre que se contemplen escenarios no favorables y que no hagamos uso del ya mencionado “ya que estamos”.

Confiemos en no barrer cenizas.

Imagen de la entrada: Cory Thoman