La educación sigue siendo la mejor inversión” – Stuart E. Lucas

Permítanme apostillar: y la mejor protección.

Sucede, y muy a menudo, que los inversores acuden al mercado con gran desconocimiento y proporcionales pretensiones. Apostando al caballo de moda (que no ganador) y esperando obtener la máxima rentabilidad en el menor tiempo posible. En esos instantes, el codicioso inversor se torna sabio y busca a quien colme sus expectativas. Para alcanzarlas acude a su entidad más próxima y se topa con el comercial ambicioso que quiere cumplir cuantos objetivos le han marcado. El entendimiento es inmediato. Codicia y ambición se escriben diferente pero tienen algo en común. En ese preciso instante, el mercado soberano decide navegar en contra y colmar con pérdidas la codicia. El comercial pasa a ser un embustero y encantador de serpientes y el inversor otra víctima más del cruel sistema financiero.

¿Le ponemos fin? ¿Se atreverían Ustedes a defenderse a sí mismos en un juicio? Yo, no. La interpretación de la Ley siempre me ha parecido un enigma (por calificarlo de algún modo) y en Derecho nos enseñan a través de los matices. Pero no hay matiz alguno entre lo que es ético y lo que no lo es (tal y como vimos ayer en el post de Juan Carlos).

¿Creen que todo cuanto ha ocurrido en la crisis ha servido de algo? A mi parecer, no. Seguimos al son de lo de que marca la moda: inversión en start-ups, fiebre del sábado noche por el MAB, como renta fija no toca (¿porqué?) renta variable y la que más suba,… No, no crean que son distintas opciones. Cada una se diferencia de la otra. No es una cartera diversificada. Ojalá. La única realidad es que continuamos sin planificación alguna. La crisis, todo cuanto ha ocurrido, no ha servido de nada.

Los diferentes actores de la industria se plantean cómo recuperar la confianza del inversor y éste continúa persiguiendo la moda. La moda crea tendencias pero nunca construye edificios. El patrimonio, los ahorros de toda la vida, no puede estar supeditado al capricho del mercado. Como hemos ido viendo a lo largo de las distintos posts que conforman esta primera etapa de la planificación financiera, la planificación a largo plazo conforma el grial de la misma. No queramos abarcar todo y no queramos conseguir todo de inmediato. Calma. Aquello vivido, no va a volver. Sólo queda el futuro que se presenta a cada segundo. Cataloguen, etiqueten esos segundos y sigan una o varias estrategias para cada uno de ellos.

Por su parte, el legislador está haciendo verdaderos esfuerzos por proteger al inversor. Tantas leyes coexisten hoy en el sector financiero que podríamos empapelar Buckingham Palace sin dejar espacio alguno en blanco. ¿Y de qué sirven si sólo las conocemos los actores de la industria y no los protagonistas que son Ustedes?

Como ya no nos viene de un día, recuerden lo ya escrito e inviertan en conocimiento financiero. Es su única garantía. No existe la cata de productos financieros. 

Lo que no sabe que desconoce le puede hacer daño” – Stuart E. Lucas

Si esto es así, ¿a quién confío mis ahorros? Muy sencillo, busquen a quienes les hablen de estrategia, a quienes no les importe el dónde y sí la consecución de sus objetivos, a quiénes les facturen conforme al patrimonio gestionado y no al producto vendido y, sobretodo, a quienes les acompañen en las ganancias y en las pérdidas.

Como verán en todo lo que he expuesto hasta ahora, las soluciones habituales no cubren estas expectativas sino que anteponen el interés comercial propio al del cliente. Conviene que busquen la solución, que se muevan, que sean exigentes consigo mismos y no sólo con el mercado, que eviten la comodidad de la oficina más próxima y apuesten por la comodidad de identificar sus ahorros con sus objetivos. No es utopía, créanme. Como todo lo que nos hoy nos rodea, exige de nosotros si queremos cambiarlo.

Me comprometo a acompañarles, ¿vamos?