El aspecto más triste de la vida actual es que la ciencia gana en conocimiento más rápidamente que la sociedad en sabiduría.” – Isaac Asimov

Inherente al ser humano está el crear algo para intentar mejorar nuestra calidad de vida y, en paralelo, cultivar y propagar los miedos hacia ese nuevo ente creado. Como no podía ser de otro modo, los robo-advisors no escapan a esta dualidad del ser y que, por otro lado, siempre ha acompañado a cualquier avance tecnológico. Basta con ver las muchas películas realizadas con máquinas que no sólo se sublevan contra el ser humano que las creó sino que también intentan dominarlo. Nuestra paradoja no tiene parangón.

El CFA Institute (entidad que sirve a todos los profesionales del sector financiero que buscan educación, conocimiento, desarrollo profesional, conexiones y/o inspiración y cuyo campo de actuación se centra investigar y promover la ética, la integridad del sector y la excelencia en el ejercicio de la profesión) hizo una encuesta entre todos sus miembros (3.803 repartidos por todos los lugares del mundo) acerca de la eclosión de las Fintech y, especialmente, de los llamados robo-advisors: herramientas de asesoramiento financiero auromatizdos.

Así, en el Fintech Survey Report podemos observar como son tres las grandes amenazas que observan los profesionales del sector con respecto a los robo-advisors, a saber:

  1. Fallos en los algoritmos
  2. Venta abusiva
  3. Problemas en la protección de datos

Es decir, el gran miedo, es que se traslade al sistema automatizado los vicios ya vividos entre el sector financiero y los clientes: en donde los algoritmos alterados corresponden a los test de idoneidad no observados para ventas abusivas de preferentes y/o garantizados o fondos de rentabilidad objetivo sin especificar la asunción de mayor riesgo con respecto, por ejemplo,  a los depósitos bancarios.

No hay otra respuesta posible para evitar eso que incidir aún más en incluir la divulgación financiera en nuestra sistema educativo desde edades tempranas. Como señalé en “Educación financiera: sólo podemos mejorar” nuestro país no llegaba a la media de conocimientos con respecto a otros países de la OCDE y, como sabemos, el saber administrar el dinero propio es básico para poder alcanzar los objetivos fijados. En eso, los asesores financieros tenemos mucho que hacer. Este es nuestro principal papel con nuestros clientes, utilicen o no los robo-advisors: su formación constante y continua en materias como, por ejemplo, la consciencia del riesgo.

En donde sí convergen los profesionales encuestados es en señalar que, a excepción de los grandes patrimonios -cuyo patrimonio abarca más activos y complejidad- y los inversores institucionales,  los robo-advisors sí tendrán gran aceptación y uso por parte de los inversores minoritarios ya que se beneficiarán de los menores costes, acceso a ser asesorados y a determinados productos, entre otros.

Para mí, la única gran dificultad está en conseguir el consenso en el mercado en cuanto a calificación de riesgo y conceptuación de perfiles de inversores, lo cual parece completamente imposible; por lo tanto, es inevitable que los algoritmos se construyan en base a criterios subjetivos e, incluso, intencionados.

Los robo-advisors son una excelente oportunidad para adaptar MiFID II como ya vimos en un artículo anterior así como para hablar de planificación con los clientes y alinear cada estrategia automatizada hacia la consecución de los distintos objetivos o metas que se haya fijado el cliente.

Formación, información y tecnología para unas finanzas globales.

Imagen de la entrada: gilc